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No seas una Dalila

Y ella le dijo: ¿Cómo dices: Yo te amo, cuando tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has descubierto aún en qué consiste tu gran fuerza. Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. (Jueces 16:15-16).

Dalila es uno de los personajes más odiados de la Biblia, es parte del salón de la fama de las mujeres malas. Solo mencionar su nombre hace pensar en una mujer malvada, que trajo enorme desgracia sobre un varón de Dios (un varón que no era una blanca paloma, pero esa es otra historia). Recordemos que los nombres bíblicos nos dan información sobre la personalidad del individuo en cuestión y en el caso de Dalila, su nombre quiere decir “la que debilitó, desarraigó o empobreció”. ¡Esa definitivamente es una definición muy acertada de ella!

Siendo una mujer filistea (inconversa), mala y calculadora; ¿que podría enseñarle a una mujer cristiana? Aunque usted no lo crea, Dalila tiene algo que enseñarle a las hijas de Dios.

Este pasaje es la clave, “presionar” e “importunar” son las palabras que resaltan aquí. La Biblia dice que Dalila logro lo que quería al quejarse y molestar tanto a Sansón que “redujo su alma a mortal angustia“. Mujer, no seas impertinente y quejumbrosa con tu marido. Pregúntate a ti misma si esa es la clase de esposa que quieres ser, alguien que logra que su marido la complazca a través de la manipulación, no del amor. Sansón no le dijo la verdad porque la amara, le confesó el secreto de su fuerza ¡porque ya estaba harto de las quejas!

Actualmente, las mujeres usan los ruegos y las quejas como un arma para obtener lo que quieren, sin embargo pocas se sienten satisfechas. Quieren más. Cuando usamos la manipulación para recibir lo que queremos, nos debilitamos a nosotras mismas. Nuestro verdadero poder no debería residir en las quejas que salen de nuestra boca, sino en las oraciones que salen de ella. Debemos ser rápidas para escuchar y lentas para hablar. Debemos orar cuando nuestros corazones deseen algo que nuestros esposos no quieren o no pueden ofrecer. Dios debe ser nuestro sustentador y proveedor.

No debemos atormentar y con esto, permitir a Satanás entrar en nuestros hogares y atormentar a nuestros esposos, causando que nuestros matrimonios se erosionen hasta los cimientos. En lugar de esto, debemos convertirnos en mujeres de oración. Ser conocidas por el tiempo que pasamos de rodillas delante de nuestro Padre y no por la cantidad de tiempo desperdiciado molestando y atormentando al hombre que prometimos amar.

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Alma Celina Baquedano TortajadaVer todo los posts

Salva sólo por Su gracia, enamorada de Cristo, en proceso constante de edificación, esposa de pastor, ingeniera ambiental de profesión, milusos de iglesia.